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LAS PRUEBAS DE SUGESTIÓN DE COUÉ

En las tres pruebas que define el profesor francés para medir la sugestionabilidad de los individuos, Coué utiliza en realidad, como factor más importante, la estimulación de la autosugestión para conseguir cualquier propósito.

Las tres tienen la virtud de ir iniciando al sujeto en la educación del control de la mente sobre el cuerpo.

PRIMERA EXPERIENCIA DE COUÉ

Pedir al sujeto que permanezca en pie, rígido con el cuerpo derecho, los brazos colgando, sueltos, al costado del cuerpo y los pies juntos. Explicarle que la prueba consiste en que por la fuerza de su propia imaginación, vamos a lograr que sin hacer esfuerzo voluntario alguno, su cuerpo se caiga hacia atrás. Que no debe temer nada en absoluto pues estamos tras él, prestos a sujetarlo por los hombros para asistirle.

Cuando sienta el impulso hacia atrás, debe dejarse llevar por él y abandonarse a la caída sin pensar en nada más. Una vez tranquilizado el sujeto le explicaremos que en un momento vamos a pedirle que fije todo su pensamiento en una sola idea, la de caer hacia atrás, mientras se repite mentalmente para sí mismo el pensamiento «Me caigo hacia atrás…..Me caigo hacia atrás…» Cuando esto suceda no deberá olvidarse ni por un solo instante de dicho pensamiento. Antes de iniciar este proceso debe estar perfectamente relajado, suelto y distendido, a fin de que no haya elementos que perturben la experiencia. Una vez establecidas estas condiciones le inclinaremos la cabeza un poco hacia atrás, pidiéndole que cierre los ojos.

La cabeza debe estar girada hacia arriba como si estuviese contemplando un punto del techo. Llegados a este punto colocaremos la mano izquierda sobre la frente de la persona y la derecha con el puño cerrado haciendo una suave presión sobre la nuca, mientras le decimos: «Piensa fuerte ahora que caes hacia atrás, imagina tu cuerpo cayendo hacia atrás…. Mira, empiezas a oscilar tu cuerpo se inclina hacia atrás…. ¡vas a caer!… ¡vas a caer!….ahora caes hacia atrás,… ya no puedes aguantarte te caes hacia atrás, hacia mi….» Este tipo de orden debe darse en un tono tranquilo pero a la vez imperativo, al tiempo que comenzamos a deslizar la mano izquierda desde la frente hasta la sien, separando la mano derecha lentamente, muy despacio pero sin mediar pausa de la nuca. Llegados a este punto hay que proceder con cautela ya que según que individuos pueden desplomarse súbitamente, cogiéndonos por sorpresa, con el resultante peligro de lesiones que podría derivarse de dicha caída. Debemos permanecer atentos, por tanto, a cualquier respuesta súbita del sujeto.

DISECCIÓN DE UNA PRUEBA DE SUGESTIÓN

Esta era la forma básica en que Coué aplicaba la primera de sus pruebas de sugestión, la rapidez en la respuesta a la caída del sujeto determinaba su grado de susceptibilidad. Hagamos un alto en el camino y utilicemos esta prueba, de la que se han hecho innumerables variaciones, como ejemplo para estudiar atentamente su estructura y añadirle en la medida de lo posible mejoras que aumenten su eficacia. La prueba trata de saturar al sujeto con la idea de que va a caer hacia atrás. Las condiciones en las que se encuentra lo facilitan ya que está de pie, de espaldas a nosotros con los pies juntos, esto es importante dado que al estar con ambos pies pegados su equilibrio es precario, además Coué le hace imaginar que mira fijamente un punto en el techo con los ojos cerrados al mismo tiempo que ejerce dos presiones simultáneas en el sujeto, una en la frente y otra en la nuca, obligándolo de forma sutil a tirar la cabeza hacia atrás, en esta posición la precariedad de la estabilidad del sujeto aún se acentúa más. Hasta ese momento todas las palabras del operador tenían la intención de tranquilizar al sujeto, más tarde pide al sujeto que se sugestione a sí mismo con el pensamiento de que cae hacia atrás.

Es momento de recordar que cuando anteriormente nos referíamos a la dualidad existente en nuestro cerebro, detallábamos que nuestro cerebro derecho o subconsciente no era valorativo, es decir aceptaba cualquier idea o impresión que llegase a él como real y verdadera, de forma que si la autosugestión del sujeto es lo suficientemente intensa al acceder a su hemisferio derecho se transformará inmediatamente en un hecho, y la persona experimentará físicamente la pérdida del equilibrio con la posterior caída hacia atrás siguiendo nuestros propósitos. Además este impulso subconsciente es favorecido por la acción del operador retirando lentamente el puño de su nuca con la consiguiente sensación de falta de apoyo y por tanto de caída.

La acción de retirar suavemente las manos de la cabeza del sujeto es reforzada por una nueva repetición de las sugestiones. En muchos casos la caída es fulminante, en otros las personas aún siendo influidas tratan de ejercer control y de este modo rectifican su caída en el último instante, tan sólo en muy pocas ocasiones algunas personas no experimentan ni la mínima oscilación, esto puede ser debido a que sean personas refractarias pero también es posible que la causa radique en la falta de concentración bien porque no hayamos sido capaces de conseguirla o por el nerviosismo inicial del sujeto. La comprobación de este hecho deberá ser realizada en base a las siguientes experiencias que realicemos con el sujeto.

Para mejorar su eficacia, se puede sugerir al sujeto inicialmente que evoque una visualización tendente a conseguir un estado de relajación rápido que facilite la consecución posterior de la prueba. Incluir en la verbalización previa mientras tranquilizamos al sujeto algo como «…Imagina tu cuerpo formado por arena fina del desierto… que va deslizándose hasta tus pies donde se deposita formando pequeños montículos» o cualquier tipo de imagen que sugiera simbólicamente relajación puede sernos útil.

Podemos medir el grado de relajación del sujeto cogiéndole suavemente por las muñecas ambos brazos que recordemos deben estar paralelos al cuerpo y elevándolos unos 40 grados dejarlos caer, si el sujeto está relajado los brazos caerán sin resistencia, laxos golpeando las caderas, si por el contrario los brazos permanecen en la posición en que los soltamos o caen de forma acompañada por el sujeto podemos estar seguros de que en un grado o en otro el sujeto esta tenso, con lo que deberemos insistir en sugestiones de calma y relajación antes de intentar continuar con la prueba.

Algunos signos de tensión son: la risa forzada, una risa nerviosa sin motivo que el sujeto utiliza inconscientemente de un modo defensivo, la sudoración excesiva para la temperatura ambiente, tragar saliva con demasiada frecuencia, y una respiración agitada.

Otro aspecto a tener en cuenta es el de prestar la máxima atención al comportamiento del sujeto ya que si sobreviniera una caída repentina y no lo recogiéramos a tiempo el golpe sin tener en cuenta las posibles lesiones anularía por completo la confianza del sujeto en el operador arruinando la experiencia.

El hipnólogo debe situarse detrás del sujeto con las manos a corta distancia de sus omoplatos pero sin tocarlo y con una pierna más retrasada que la otra, ya que si mantenemos las piernas juntas el peso y la inercia del sujeto podría hacernos caer a nosotros también.

Por último, pequeños detalles como los tacones altos del calzado de algunas mujeres pueden impedir el desarrollo normal de la prueba, en esos casos se debe solicitar al sujeto que se descalce antes de iniciarla. Una vez se ha conseguido con éxito la caída hacia atrás del sujeto, es interesante solicitarle la realización una vez más de la misma prueba, pero en esta ocasión incluiremos un sutil cambio en la fraseología a utilizar.

En vez indicarle que repita para sí mentalmente «Yo me caigo hacia atrás…», le diremos que vamos a realizar una cuenta regresiva del 3 al 1, y que desde el momento en que empecemos a contar 3, sentirá el impulso de caída hacia atrás, durante la cuenta el impulso se hará más y más intenso y finalmente cuando pronunciemos el número uno, caerá irremediablemente hacia atrás como la vez anterior. De este modo tan sencillo el sujeto asociará nuestras ordenes a su propia auto-sugestión en la prueba anterior, la lectura inconsciente del proceso será probablemente la convicción de que nuestras ordenes y las suyas propias son de la misma naturaleza ya que consiguen idénticos resultados, eso facilitara en lo sucesivo el acatamiento de posteriores sugestiones. Una vez analizada esta primera prueba de sugestionabilidad describiremos las restantes apenas sin hacer comentarios al respecto, en cualquier caso es un buen ejercicio estudiar cada una de las pruebas de sugestión siguientes, tratando de descifrar los propósitos paso a paso de cada una de ellas.

SEGUNDA EXPERIENCIA DE COUE

Es una variante de la primera pero que trata de provocar la caída hacia delante del sujeto. Conel sujeto en la misma posición inicial en que lo colocamos para realizar la primera experiencia, acercaremos nuestras manos a su cabeza colocándolas paralelas a sus sienes pero sin tocarlas y fijando intensamente nuestra mirada en su entrecejo, le explicaremos que se trata de la misma experiencia anterior pero que pretende conseguir su caída hacia delante mediante el poder de su propio pensamiento de manera que cuando se lo indiquéis, sin dejar de fijar su mirada en la nuestra, empezará a decirse mentalmente. « Estoy cayendo hacia delante……, Caigo hacia delante…, caigo hacia delante…» de manera repetitiva.

Una vez se inicie la experiencia el sujeto comenzará a oscilar, mientras nosotros reforzaremos sus autosugestiones con indicaciones en el mismo sentido hasta que su caída hacia delante se haga efectiva, momento en que lo sostendremos colocándole las palmas de las manos en los hombros.

Esta prueba puede realizarse así mismo con los ojos del sujeto cerrados.

TERCERA EXPERIENCIA DE COUE

Con el sujeto sentado, frente a nosotros, le indicaremos que nos mire fijamente a los ojos, mientras nosotros posamos nuestra mirada en su entrecejo y le ordenaremos que cruce los dedos, entrelazando sus manos, apretándolos al máximo. Mientras hace lo que le habéis ordenado le anunciaremos que debe hacer exactamente lo que le digamos, al tiempo que sujetaremos sus manos cruzadas ejerciendo un poco de presión como para que las mantenga todavía más cerradas.

Una vez se den estas condiciones le explicaremos que como en las anteriores experiencias, en esta ocasión debe pensar insistentemente en las frases siguientes: «No puedo soltar mis manos…, es imposible separarlas…, mis manos están completamente unidas y es imposible que las pueda separar…., imposible separarlas…». Una vez el sujeto ha comprendido la dinámica de la prueba, iniciaremos la experiencia. Si la persona ha seguido nuestras instrucciones, tendrá verdaderas dificultades e incluso la imposibilidad de separar sus manos, producto de su propia autosugestión, tras dejarle unos instantes que lo intente, le diremos al sujeto que en breves momentos vamos a contar hasta «tres» y que al decir el último número podrá soltar sus manos unidas entre sí, por su propia autosugestión. De esta experiencia hay también múltiples variantes, algunas de ellas muy elaboradas y efectivas, es una de las preferidas por los hipnotizadores de espectáculo para detectar a los individuos altamente sugestionables, tiene la ventaja, además, de ser muy efectiva para inducir el trance de una forma inmediata. En el apartado dedicado en este manual a la práctica de la hipnosis instantánea, describiremos el método más elaborado y como puede ser redirigido hacia la inducción hipnótica casi inmediata, en estas líneas simplemente dejamos constancia de cómo era utilizada por Coué.

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